Leyendas de amor en Xel-Há

Leyendas de amor en Xel-Há

May 30, 2011

Dos hermanos, una princesa, un gran amor…

La leyenda de Chechen y Chacah

La selva del caribe es ideal para tus vacaciones en México, pero también, el escenario perfecto para una leyenda maya. En Xel-Há se cuenta una muy hermosa, sobre dos hermanos, una princesa y un gran amor… ¿Te gustaría escucharla?

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Los susurros del viento en Xel-Há cuentan que una vez vivió una princesa de belleza indescriptible, cuyo nombre era Nicté-Há. La naturaleza había concebido a la más bella de sus hijas: ojos, boca y sonrisas dulces y perfectos, como el amanecer de una flor.

No muy lejos de ahí, vivían dos príncipes guerreros. Hermanos de igual fortaleza de corazón y de alma. Kinich, el más joven de los dos, el de los ojos y rostro cálidos como el sol, era un guerrero querido por todos. Era respetado porque era justo, como el equilibrio del mar. Cuando la espuma de las olas se reflejó en los ojos de Nicté-Há, Kinich se enamoró de ella.

 

Leyenda de Chehem y Chacah, Xel Ha

 

Tizic, el mayor, era un bravo guerrero de mirada fría y oscura y alma colérica. Era temido por todas las almas del mundo. Las aves volaban lejos de su presencia porque él era la furia en persona. Desgraciadamente, cuando Nicté Há cantaba con los delfines, su voz se convirtió en una melodía de flores y miel que enamoró el corazón de Tizic.

Los dioses predijeron lo que sucedería, y llenaron el cielo de oscuras nubes. La selva y el océano lloraron ante la más fiera batalla de amor. La batalla fue cruel, la luna se ocultó durante siete noches, hasta que al final, la muerte llegó para ambos príncipes.

Un largo silencio y la sabiduría de los dioses permitieron a las dos almas encontrar la paz. De rodillas, rogaron a los dioses el perdón y pidieron una oportunidad más de vida, un día más en Xel-Há, y también, la posibilidad de ver una vez más a su amada princesa. Los dioses aceptaron.

 

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Tizic renació como el árbol de Chechen, con un alma poderosa y oscura que aún amenaza en Xel-Há, quemando la piel de todo aquel que se aventura a tocarlo.

Kinich renació en el árbol de Chacah, amando por siempre a su amada princesa y protegiéndola del peligro de Tizic. Su alma pura y relajada habita en Xel-Há, curando el dolor de las víctimas del árbol del Chechen.

Y así, las almas de los dos hermanos permanecen por siempre resguardando la belleza de su princesa, la de los ojos como el mar y la voz como la primavera. Esperan permanecer así, por siempre, abrazados en ese momento, en ese amor, en Xel-Há.

 

¿Conoces otras leyendas mayas? Cuéntanos.

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